Por WILLIAM ESTRADA CANO
El orden mundial actual —caracterizado por un mercado capitalista, neoliberal, financiero y digital que opera de forma rentista y patriarcal— se impone de manera colonialista. Este sistema utiliza la fuerza bajo categorías ideológicas como la “seguridad global”, la “lucha contra el terrorismo” y, más recientemente, el combate al narcotráfico para salvaguardar los intereses de las potencias hegemónicas.
Esta estrategia no solo es militar, sino comunicativa. Se gestiona desde la “opinión publicada”, el manejo masivo de datos y la manipulación de la información. A través del neuromarketing y la inteligencia artificial, el sistema instrumentaliza las emociones para construir un metarrelato colonialista. Esta ofensiva surge, precisamente, como respuesta a la crisis actual de las formas de acumulación, las cuales ya no garantizan por sí solas la hegemonía acostumbrada.
El resultado de este orden en el ser humano es devastador: la pérdida de la moral emancipatoria y el debilitamiento del pensamiento crítico. En su lugar, se ha impuesto la enajenación del “humano-mercancía”. Bajo la ideología del emprendimiento, se han creado las condiciones para un individualismo feroz y un consumismo desaforado que disfraza el atraso y la explotación bajo una fachada de “progresismo”. Sin embargo, este modelo no logra superar la dependencia ni el colonialismo histórico ya instalado.
Ante este panorama, el único camino en el devenir de la resistencia es el fortalecimiento del movimiento social como sujeto de lucha integral. En sus procesos, los movimientos han sabido imaginar y crear —fuera del orden impuesto— otras formas de soberanía, autonomía y gobiernos propios. Estas alternativas proponen un tratamiento distinto de las riquezas naturales: energía, agua, oro, tierras raras e hidrocarburos, bajo economías no capitalistas que prioricen la seguridad integral de la vida en comunidad, sin reducirse al uso de la fuerza.
La rebelión hoy debe ser también espiritual; debe basarse en el “amor eficaz”, la bondad, la cooperación y la armonía con la naturaleza. Solo sembrando un pensamiento crítico “casa adentro” —en el cerebro y la mente del ser humano— se podrá resistir a la guerra no declarada del mercado. Así, estaremos cultivando un nuevo orden mundial que recoja sus frutos en el respeto real por la diversidad.
