La distinción “izquierda-derecha” aparece con frecuencia en el diario vivir de todos los ciudadanos del mundo político. Estamos, por lo tanto, hablando de algo que, en la modernidad, es profundamente trascendental en la vida de las personas. Cuando alguien se reconoce de “izquierda” o “derecha”, no solo está diciendo qué tipo de proyecto político apoyaría, sino que además expresa cómo entiende todos los ámbitos que conforman la vida política: el arte, la religión, la cultura, la economía o la tecnología.
Para entender el origen de estos dos conceptos, tendríamos que remontarnos a la Francia del siglo XVIII. Durante la Revolución Francesa (1789), el entonces rey Luis XVI, quien acababa de apoyar la independencia de las antiguas colonias británicas en Norteamérica, necesitaba hacer una reforma tributaria para aliviar la crisis provocada principalmente por la deuda y el desgaste de la guerra. Para ello, convocó a los Estados Generales.
¿Pero qué eran los Estados Generales? Eran una asamblea formada por los tres estamentos: el primero, el clero; el segundo, la nobleza; y el tercero, la burguesía, los campesinos, los artesanos y los trabajadores urbanos. Aunque el Tercer Estado representaba más del 90% de la población, tenía para entonces menos poder político.
Este último llegó en su momento con una demanda clara: que la votación fuera por persona y no por estamento, pues afirmaba representar a una nación de ciudadanos iguales y no solo a un grupo privilegiado. En esta Asamblea Nacional de 1789 se produjo la insólita división que marcaría la historia hasta nuestros días: el clero y la nobleza, que defendían las instituciones del Antiguo Régimen y la unión del trono y el altar, se sentaron a la derecha del recinto. Mientras tanto, el Tercer Estado, representado en su mayoría por burgueses e intelectuales influenciados por las ideas ilustradas, se sentó a la izquierda. Así surgió la distinción entre “izquierda” y “derecha”.
De este momento icónico heredamos concepciones como que la derecha defiende el statu quo y la izquierda puede entenderse como revolución y cambio. Sin embargo, al conectar ambos conceptos con su origen histórico, nos damos cuenta que en “izquierda” y “derecha” ya no se sientan las mismas personas – dependiendo también del país –. La derecha de antaño, reaccionaria, nostálgica de la unión entre el trono y el altar y de los privilegios feudales y patriarcales, contraria además a la sociedad burguesa moderna, prácticamente ya no existe. En Colombia, este tipo de derecha, propia de los proyectos conservadores del siglo XIX, alcanzó su clímax con la Constitución regeneradora de 1886 y comenzó su ocaso con la República Liberal de la década de 1930, contrarrestada por reformas como las del expresidente López Pumarejo.
La izquierda de antaño – básicamente la “izquierda liberal”, promotora de los ideales ilustrados, los derechos civiles y políticos y la defensa de la propiedad privada burguesa – paradójicamente la encontramos hoy a la derecha del tablero político colombiano. Está representada principalmente por partidos como el Centro Democrático, Cambio Radical, el Partido Liberal (aunque no en su totalidad) y, en cierta medida, aún el Partido Conservador, entre otros.
Entonces, sí los liberales son hoy la derecha en Colombia por representar el statu quo y defender el orden establecido, ¿qué vendría siendo la izquierda? La izquierda es revolución y cambio, en esa definición podríamos incluir partidos y movimientos como el Pacto Histórico, la Alianza Verde (aunque no en su totalidad) y Comunes, entre otros.
Revisando la historia, podríamos concluir que la izquierda, en su raíz histórica liberal y burguesa, cumplió un papel verdaderamente revolucionario al dar muerte al Antiguo Régimen y a la sociedad estamental para fundar la sociedad burguesa moderna. No obstante, cuando observamos a la izquierda contemporánea representada en los partidos antes mencionados, no estamos seguros de hasta dónde está dispuesta a realizar cambios profundos y revolucionarios en Colombia, pues sus programas parecen haberse estancado en reformas o en posiciones netamente socioculturales respecto del Estado y la vida política del país.
De modo que “izquierda” y “derecha” son conceptos análogos, que cambian con el espacio y con el tiempo. En la actualidad, ser de “izquierda” o de “derecha” habla más sobre las posturas socioculturales de las personas y menos sobre un posicionamiento claro frente al Estado, porque ni a la “izquierda” ni a la “derecha” colombianas les interesa trascender del Estado liberal-burgués.
Para finalizar, un mensaje a los revolucionarios y patriotas socialistas colombianos que reivindican una república socialista, democrática y popular, donde haya justicia, vivienda digna y pan para los trabajadores; quienes no se ven representados en la apátrida “derecha” liberal y son aliados coyunturales de la “izquierda” liderada por el gobierno del cambio y otros sectores progresistas. A ellos va dedicado este artículo de opinión. Seamos la izquierda de la izquierda.
