En Medellín el Gobierno Nacional negocia con estructuras armadas urbanas, pero lo hace de espaldas a quienes ya transitaron el camino de dejar las armas. La evidente desidia de Petro por el Acuerdo Final de Paz (AFP) y todo lo que huela a los ex-FARC, ha sido la razón por la que el Partido Comunes ha sido excluido desde el inicio de estas mesas. Pero esto no es solo una omisión burocrática: es un error político de graves consecuencias y ahí está la muestra del retiro de alias Pesebre de esas negociaciones.
Hay que recordar que el conflicto en las ciudades no nació en las calles. Tiene raíces rurales profundas. El desplazamiento forzado, el despojo de tierras y la ausencia estatal en los territorios empujaron a miles de campesinos a los cinturones de miseria urbana. Medellín es quizás el ejemplo más paradigmático de este fenómeno: las comunas se poblaron con víctimas del campo que huyeron de la violencia. Ignorar esta génesis rural es condenar cualquier intento de paz urbana a ser paliativo y no cura.
El Acuerdo Final de Paz de 2016, con todas sus imperfecciones y a pesar de los múltiples intentos de unos por hacerlo trizas y de otros por restarle valor, contiene unas muy buenas bases para construir la paz en Colombia. Claro que no es un texto sagrado, pero es el único pacto de nación que hemos logrado. Allí está el diagnóstico claro y las rutas verificables. Lo construyeron víctimas, gobierno y una guerrilla que aceptó someterse a la justicia. Desconocerlo no es audacia, es negligencia.
La política de Paz Total del presidente Petro podemos decir que tiene buenas intenciones, pero peca de mesianismo: actúa como si antes no se hubiera abonado nada. El Acuerdo no es un estorbo, es el punto de partida. Querer innovar desconociendo lo andado no es construir, es empezar de cero cada vez. Y la paz no admite borrón y cuenta nueva.
En Medellín, las mesas avanzan con delegados del gobierno que parecen ignorar deliberadamente a quienes ya hicieron el tránsito a la legalidad. Preguntas como ¿qué experiencia puede tener Isabel Zuleta en negociaciones con actores armados? Sin dudar, sus capacidades personales son importantes de plantear. Sí el criterio es rodearse únicamente de figuras políticas mientras se excluye a quienes negociaron y firmaron un acuerdo de cese al fuego bilateral verificable por Naciones Unidas, hay un error efectivo en el diseño para lograr la Paz Urbana. Porque no se puede negar que los exguerrilleros y exguerrilleras de Comunes tienen sabiduría acumulada que ningún intelectual puede suplir.
El Acuerdo Final soñó con algo más ambicioso que el silencio de los fusiles: la Paz Completa. Ese concepto implicaba transformar las condiciones que originan la violencia, no solo callar a los violentos. Implicaba reforma rural, participación política, solución al problema de las drogas. Ese sueño no se negocia: se implementa. Y en 10 años, los gobiernos de Duque y Petro han incumplido sistemáticamente lo pactado, tal como lo vemos en el reciente ejemplo del desmonte de la Subdirección Especializada de Seguridad y Protección (SESP) de la UNP por parte del Ministro Benedetti. Sin implementación, la Paz Completa es retórica.
Los firmantes de paz, pese al señalamiento y la segregación –incluso de miembros del Pacto Histórico que hoy los miran con sospecha–, mantienen su disposición a compartir sus aprendizajes. Saben del fusil y saben del abandono estatal. Conocen la desconfianza ciudadana y la estigmatización. Han sobrevivido al asesinato de más de 400 compañeros. Esa experiencia no se reemplaza con manuales ni con burocracia.
Excluirles de las mesas urbanas como se ha hecho hasta el momento no solo es injusto: es estúpido. Mientras Medellín negocia con estructuras que aún conservan sus armas, desdeña a quienes las entregaron. El mensaje es perverso: es mejor negociar con quien aún dispara que con quien ya las dejó.
La paz urbana que Medellín necesita no se construirá ignorando la más reciente experiencia de negociación de paz exitosa, desdeñando a quienes demostraron que es posible desactivar la guerra. El gobierno dice querer paz total, pero insiste en hacerlo sin los que más saben.
