Podríamos empezar hablando de la pasión paisa como el valor supremo que guía la grandeza paisa, a la cual se obedece por costumbre. Es una condición compartida que orienta el funcionamiento social con solo pronunciar la palabra plastificada “orgullo paisa”, que muchas veces se acompaña de otras expresiones como: “el patrón”, “ser un duro”, “el más tes0”, “el berraco”. Además de los dichos: “consiga la plata honradamente, mijo, pero si no, consígala de todas formas”, “plata es plata, venga de donde venga”, “un paisa nunca se vara, hace lo que tenga que hacer”. Estas son algunas de las formas desde donde se asume la pasión paisa como una servidumbre humana.
Tales frases se repiten sin tomarse la molestia de detenerse a pensar qué es lo que realmente significan y qué acciones y emociones generan. Sin embargo, la invitación es a tratar de comprender, conocer y pensar, en profundidad, quiénes son los que realmente se aprovechan de la promoción de la pasión paisa, porque es demasiado importante entrar en razón para que, al interior de las personas, las emociones no alimenten la estupidez, el no reflexionar sobre la práctica del cinismo heredado, cuando se busca la aplicación de la viveza, porque el vivo vive del bobo y anda a la búsqueda de la oportunidad de asaltar al primero que “le dé papaya”.
Hagamos un alto en el camino y procuremos que a la pasión paisa le llegue el momento de salir de la sombra y poder ponerla en cuestión y reflexión, sometiéndola a la razón y la sabiduría, porque es demasiado grave lo que se ha estado generando durante todos estos tiempos. Se ha ido haciendo de las personas seres “sin dignidad”, y con la ayuda de la cocaína se han ido amasando fortunas aún mayores, lo cual ha ido generando la demolición de conciencias hacia el espíritu del traficante, que a su vez se ha ido trasladando y reproduciendo como cultura mafiosa en la apropiación de los dineros públicos de la salud, la educación, los servicios públicos, la minería, el sector financiero, las construcciones y la conformación cada vez más profunda del narcoestado.
Pero yendo a una raíz más profunda de las bases de la cultura mafiosa, nos encontramos con el poeta León De Greiff cuando dice:
“Vano el motivo de esta prosa.
Nada, cosas de todo día, sucesos banales,
Gente necia, local y chata y roma;
Gran tráfico en el marco de la plaza,
Chismes, catolicismo y una total inopia en los cerebros.
Cual si todo se fincara en la riqueza…”
(León De Greiff)
También lo describe perfectamente el poeta Gonzalo Arango cuando dice:
“También eres tiránica, pues te place la servidumbre, dominar soberana en el reposo de los vencidos y los muertos…”
Más adelante dice el poeta:
“Así coaccionas el espíritu de creación, la libertad y la rebelión. Eres endemoniadamente astuta para conservar la vigencia de tus estúpidas tradiciones. No admites cambios en tu poderosa alma encementada. Solo te apasiona la pasión del dinero…”
El latrocinio es la estafa, la cual se confunde con el comercio o viceversa, donde no se sabe dónde terminó la habilidad comercial y comenzó el engaño. Por eso el diablo es de Medellín.
Otra destreza de la cultura paisa mafiosa es “la impunidad, las investigaciones nunca avanzan” (Alberto Aguirre, “Odio a Medellín”).
Aquí podríamos concretar cómo la cultura mafiosa se ha convertido en la forma más lograda de nuestro funcionamiento social, hasta el punto de ir mucho más allá: la cultura mafiosa se hace práctica cotidiana, no tiene ninguna frontera ética, juega entre lo legal y lo ilegal, y responde a una forma de ejercicio del poder político, económico e ideológico, lo cual se concreta en el significado y lo que representa el ser mafioso en la cultura paisa: ser un gran referente a seguir. Podemos poner como ejemplo “el patrón Pablo Escobar”. Además, podemos señalar también el grupo de congresistas que, con el apoyo del paramilitarismo como su brazo armado, lograron salvar a Colombia del comunismo y el socialismo e impedir, mediante el asesinato, secuestro, desaparición y tortura del pueblo colombiano, que nos convirtiéramos en Cuba o Venezuela. Hoy están a sus anchas en el Congreso de la República defendiendo la cultura mafiosa.
El reto que tiene hoy el pueblo colombiano es empezar a diluir la sombra de la pasión paisa de la cultura mafiosa, porque lo que valía de estas prácticas, que se vendieron con el discurso de la “seguridad” —así la llamen democrática—, ya no vale. Hay que empezar a transformar esta forma de obedecer, porque lo que allí se oculta son valores hipócritas, valores que destruyen la vida en todas sus formas, dimensiones y diversidades, que han llevado a las personas a la impotencia y la desesperanza.
La tarea entonces es caminar hacia el cambio de valores, los cuales ya están en el “ser antioqueño, ser antioqueña”, y que hace rato tenemos como herencia de los ancestros, a pesar de la guerra, pero que siempre vuelve y sale airoso porque está representado en la naturaleza social de la caridad, la cooperación, la solidaridad, el trabajo mancomunado, el convite, la comprensión, el principio de confianza. Así, en esta geografía de esperanza, en cada territorio damos continuidad a la creación e imaginación para el tejido de una civilización democrática de familias, comunidades, sociedad y Estado otro. En esta ruta de forma radical, no tenemos que obedecer a los valores en dólares que nos ofrece la cultura mafiosa, sino a los que requiere la vida del amor eficaz, sentimientos y emociones unidos a la sabiduría y la razón reflexiva y crítica.
Estamos a las puertas de volver a la memoria profunda y es el tiempo de recordar las recomendaciones que le hizo el maestro Simón Rodríguez al libertador Simón Bolívar. Cuando este le preguntó si quería construir una república, le dijo: “Si quieres construir una república, debes educar un nuevo ciudadano, porque el que hay es sucio, mentiroso, tramposo y se debe a su majestad el rey”. Parodiando en el contexto presente, el ciudadano que tenemos, en cierto porcentaje, se debe a su majestad el dólar, al dinero venga de donde venga, porque “plata es plata”.
Haciendo una anticipación y advertencia, vemos que la cultura mafiosa sale a la luz pública de frente, ofertando sus cochinos dólares en la campaña electoral.
Esperemos que la sabiduría y las experiencias vividas nos den la fortaleza y resistencia para que la cultura paisa mafiosa no pueda seguir gobernando en nuestra amada Colombia.

de la dignidad, entre otros comportamientos afines a esa visión, desconoce y niega recurrentemente otras formas de actuar, de hablar, de alimentarse y de relacionarse, cuando no coinciden con sus parámetros paisas. Y ello porque tiene muy cimentada la consigna de creer que ese ser paisa, es el centro del país, y para muchos del mundo mismo. Y consecuentemente las demás culturas y visiones gravitan alrededor de lo paisa. Que cuando no coinciden con ella, se desconocen o se ridiculizan.
De fondo, ello ha llevado a un protagonismo, cargando muchas responsabilidades y para mantener ese papel mesiánico, por demás muy auto impuesto, “hay que hacer lo que sea”, entre ellas hacer trampa. Entonces este proceder en la cultura paisa se ha naturalizado y validado, pero si se da en otras sociedades, otras culturas, es reprochable y hasta un delito.
Corrección al comentario anterior:
La cultura paisa, además de esas connotaciones de actitudes mafiosas, de viveza muchas veces por encima de la dignidad, entre otros comportamientos afines a esa visión, desconoce y niega recurrentemente otras formas de actuar, de hablar, de alimentarse y de relacionarse, cuando no coinciden con sus parámetros paisas. Y ello porque tiene muy cimentada la consigna de creer que ese ser paisa, es el centro del país, y para muchos del mundo mismo. Y consecuentemente las demás culturas y visiones gravitan alrededor de lo paisa. Que cuando no coincide con ella, se desconocen o se ridiculizan.