Se equivocan o poco saben de qué estamos hechos quienes militamos en el partido Comunes. Nuestra lucha va mucho más allá de la representación en el Congreso, aunque reconocemos que es un paso importante para quitarle el poder a las élites y ponerlo a disposición de los excluidos y humildes del país. Pero eso, siendo importante, no es ni el origen ni el destino de nuestro camino.
Nuestro objetivo, el horizonte supremo que le da sentido a nuestra existencia política, es mucho más ambicioso y profundo: desmontar el régimen corrupto y violento que las oligarquías diseñaron y construyeron a lo largo de dos siglos para proteger sus mezquinos intereses. Ese régimen, edificado sobre la exclusión y la sangre, es el verdadero enemigo. Y para derrotarlo, sabemos que las curules no bastan. Por eso, mientras haya un trabajador con derechos vulnerados, un campesino sin tierra, una comunidad étnica luchando por su territorio, un sin techo o un pueblo entero sediento de agua y dignidad, ahí estaremos nosotros. No como espectadores, sino en la movilización, codo a codo con ellos.
La juntanza es nuestra brújula. Apoyaremos a quienes, desde nuestra orilla política y social, ejerzan responsabilidades en el poder legislativo, ejecutivo o judicial. Pero no lo haremos con la lógica clientelista de la vieja política, sino con la convicción de que desde todos los frentes debemos construir una sociedad más justa, incluyente y democrática. No concebimos el poder como un fin en sí mismo, sino como una herramienta para empoderar a quienes siempre han sido invisibilizados.
Nuestra razón de ser es tan sencilla como profunda: las desigualdades y la injusticia social. Mientras estas lacras no estén superadas, nuestra espada, así sea metafórica, estará a discreción. No nos rendiremos. Seguiremos adelante construyendo con quienes se movilizan en los territorios, en los barrios, en las veredas, exigiendo los cambios estructurales que el país necesita con urgencia.
Alguien dijo alguna vez que los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla. Nosotros no olvidamos de dónde venimos ni quiénes somos. No nacimos para ser sumisos ni para ser esclavos de un orden injusto. Por eso, y porque la historia la escriben los pueblos que luchan, tenemos la certeza más absoluta de que, a pesar de las dificultades, al final del camino: Venceremos.
